miércoles, 20 de abril de 2011

SAN FRUTOS DEL DURATÓN


“La irrupción de que debemos hacer cuenta ahora es, como decía, la de la Europa románica en estas cuevas de morabitos, la de la mesura y racionalidad benedictinas en las grutas de estos visionarios y estilitas, «fauves» intratables aupados en las rocas, luego de haber huido de la sociedad de los hombres y del mundo. En cuanto llegan esos monjes de Cluny por estas tierras, todas esas demasías ascéticas y sobreesfuerzos religiosos para atrapar lo Absoluto, concluyen. Y, así, aunque desde la Cueva de los Siete Altares al monasterio benedictino de San Frutos del Duratón hay una parva distancia en línea recta y sólo unos pocos kilómetros serpenteando por aquellos alcores de cal y arcilla, y roca arenisca entre matas de brezo, hay en verdad años-luz de diferencia y contraste en punto a espiritualidad y vida, al modo de entender el cristianismo y al sentido del monacato y retiro del mundo.”

JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO: Guía espiritual de Castilla.





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